6.- EL MONASTERIO (donde nos casamos)

Y en este precioso monasterio nos casamos.



"El claustro era un cuadro tan pequeño que puestos dos religiosos en lo alto uno a uno se daban la mano; y a esta medida todo lo demás; celdas, refectorio, cocina y oficinas que tenía todas las que cualquiera convento suele tener aunque mucho menores"

Desde la pequeña explanada de El Palancar se dividen la sierra y la llanura. La sierra de Cañaveral y las fértiles tierras del Jerte y del Alagón parecen juntarse a través de este minúsculo convento. Su aspecto inicial no lo parece, pues las diferentes reformas le dan la solera de los monasterios tradicionales. Pero San Pedro de Alcántara, "padre" del cenobio, quiso construir un lugar donde resplandeciera "toda pobreza, aspereza y vileza”.






Así, en 1557 Rodrigo de Chaves cede al santo la dehesa "que se dice del Berrocal a la Fuente del Palancar", en agradecimiento a los consejos dados por Fray Pedro, nacido en Alcántara. Una modesta casa sobresalía en el terreno. Y, en ella, lo primero que se construyó fue la capilla para celebrar los oficios. Tan minúscula como el resto de lo que en la zona se conoce como el conventico, la estancia sólo tenía cabida para el sacerdote y el acólito que le ayudaba. Junto a la capilla, San Pedro se construyó su propia celda de la que Santa Teresa comenta que "paréceme fueron cuarenta años los que me dijo había dormido una sola hora y media entre noche y día (...) lo que dormía era sentado y la cabeza arrimada a un maderillo que tenía hincado en la pared. Echado, aunque quisiera, no podía, porque su celda como se sabe no era más larga de 4 pies y medio".


Una descripción más exhaustiva es la que realizó el padre Juan de Santa María en 1615: "está situado en un desierto bien áspero de la sierra del cañaveral y harto apartado de un lugarejo que llaman Pedroso, diócesis de Plasencia y tan pequeño que todo él, con gruesos de las paredes, medido por la parte de fuera, tenía treinta y dos pies de largo y veintiocho de ancho; dentro de este tan pequeño compás había una iglesia muy pequeña, y mucho más la capilla que se dividía con una reja de pala; cabía en ella holgadamente el sacerdote que decía la misa y el acólito que le ayudaba; si otro alguno entraba ocupaba mucho. El claustro era un cuadro tan pequeño que puestos dos religiosos en lo alto uno a uno se daban la mano; y a esta medida todo lo demás; celdas, refectorio, cocina y oficinas que tenía todas las que cualquiera convento suele tener aunque mucho menores. Finalmente era como embrión o cuerpecillo de una criatura cuando en él se comienza a formar los sentidos y parte del cuerpo que apenas se echa de ver los ojos, las narices, la boca, que tan pequeño es todo".


La idea de las reducidas dimensiones del convento se tienen desde el inicio de la visita. Traspasadas las puertas del cenobio actual, un pasillo conduce a una puerta tan pequeña que los propios oficiales afirmaron que "no dejase las puertas tan estrechas y baxas que no podían caver alguna persona por ellas sino era bajándose y entrando de lado". La cocina se presenta como una minúscula estancia que da cabida a una chimenea típica extremeña. Los religiosos ayunaban de forma diaria y sólo en fiestas muy importantes suprimían dicho ayuno. En el refectorio lugar donde ingerían su frugal comida, colocaban las escudillas en asientos de piedra y comían de rodillas.


En el exterior, los bancales han dado paso a la huerta. También aquí se encuentra la denominada fuente milagrosa, cuyas aguas dicen han curado a muchos enfermos. Al igual que la higuera que plantó San Pedro, hoy desaparecida, cuyos frutos, al parecer, curaban a los enfermos. Un mundo de recogimiento y de silencio, interrumpido por el rumor de la fuente milagrosa y con vistas a las fértiles tierras del Jerte y el Alagón, que se esconden del mundanal ruido, para seguir en silencio. Así, bajo el cielo extremeño, con ilustre modestia y mayor sabiduría se ampara este singular cenobio, recogido en la estrechez de sus muros y en la amplitud de sus almas para formar un apacible lugar que conforma el convento más pequeño del mundo.

EL PUEBLO: PEDROSO DE ACIM

Es un municipio de la provincia de Cáceres, a 39º 49' 30 de latitud y los 6º 24' 42 de longitud, y a 467 metros de altitud. Pertenece al área de influencia de Cáceres. La distancia a la capital es de 58 km. Su extensión es de 32,39 km².

EL MEDIO

Situado en la falda de la sierra del Pedroso, el término es muy accidentado, destacando la peña de las Cenizas y los cerros Pelado y Entrecabezas. Cuatro sistemas de aprovechamiento se distinguen en el paisaje del término: al sur las cresterías cuarcíticas, con matorral improductivo; en la ladera, áreas de olivar donde se sitúa el núcleo; más al norte, la penillanura con dehesas intercaladas con terrenos de labor y, finalmente, una pequeña extensión dentro del sistema de riego del río Alagón. Lo bañan los arroyos de las Razasa y Fresneda.

El clima es de tipo mediterráneo subtropical. La temperatura media anual es de 16,7º C. Los inviernos suelen ser suaves, con una temperatura media de 8,4º C., alcanzando las mínimas absolutas valores inferiores a -3º C. El verano es seco y caluroso con una temperatura media estacional de 25,8º C y unas máximas absolutas que superan los 40º C. La precipitación media anual ronda los 600 mm. La estación más lluviosa es el invierno (210 mm.) y la más seca el verano (35 mm.). La evapotranspiración potencial media supera los 970 mm. La formación vegetal autóctona es del tipo durilignosa con un bosque esclerófilo mediterráneo representado por la encina y el alcornoque, junto a otras especies que componen el matorral.